Polvos de sol. Un truco para «broncearse»

Con la llegada del invierno es habitual perder ese moreno conseguido durante el verano, por lo que es hora de utilizar algunos trucos para broncearse, o al menos parecerlo.

Los polvos de sol son un producto imprescindible en la rutina diaria de muchas mujeres. ¿El porqué de tanto éxito? La naturalidad que aportan, realzando la belleza con un pequeño toque de bronceado, además se aplican rápido y fácilmente.

Casi todas las marcas de cosméticos tienen una línea de polvos compactos de sol, hoy os hablaremos un poco de cómo sacarles el máximo partido gracias a unos consejos.

Qué son los polvos de sol o bronceadores

Los polvos de sol (o polvos bronceadores) son unos polvos compactos, o perlas, que tras su aplicación hacen que nuestra tez pálida aparezca ligeramente bronceada, resaltando el color natural.

Cómo aplicar los polvos de sol

La elección del color es muy importante, depende de las diferentes marca y, sobretodo, de tu tono de piel. Sabrás cuál es el adecuado cuándo encuentres aquél que se funda con tu piel, que al aplicarlo desaparezca dejando un velo dorado precioso sin aportar un color demasiado fuerte.

Una buena brocha es también muy importante para obtener un buen resultado. Debe ser grande y suave. Nos ayudaremos de ella para aplicar el producto,  retirando el exceso con unos toquecitos,  hay que dibujar una especie de “T” con dos patitas en nuestra cara. Es decir, con un movimiento rápido de brocha, trazamos una línea en la parte alta de la frente, luego bajamos desde el centro de esa línea hacia la nariz. Desde ambas aletas trazamos otros dos brochazos hacia abajo, rodeando el pómulo. A continuación hay que extender lo aplicado hacia la zona exterior de la cara. El resultado final tiene que ser muy natural: de buen color sin pasarse.

Para muchas, los polvos de sol son herramientas mágicas, capaces de dar no sólo color al rostro, sino, sobre todo, un toque de luz, un aspecto saludable.

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